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El Informe Pisa al analfabeto digital

Autor: Luis Ángel Fernández Hermana
25/2/2009
Fuente de la información: Madrimasd
Organizador:  Madrimasd
Temáticas:  Internet  Educación 
Artículo publicado en Madrimasd
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El próximo Informe Pisa medirá la capacidad lectora de los alumnos... en formatos electrónicos. ¡Cielos, no sabía que existía una asignatura o seminario o taller de este tipo en nuestro sistema educativo! Uno se encuentra por doquier con la queja de los profesores y maestros de que ellos no saben muy bien en qué consiste la capacidad lectora en los formatos electrónicos, por tanto tampoco cómo se enseña y ya no digamos cómo se mide. Según lo que ha explicado Andreas Schleider, director del Informe Pisa que promueve la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE, integrada por los países industrializados), citado por el diario El País (9/2/09), se trata de medir los recursos necesarios para “acceder, manejar, integrar y evaluar información; construir nuevos conocimientos a partir de textos electrónicos”, algo “bastante distinto de hacerlo con textos impresos”. Si, claro, nos imaginamos, pero frecuentemente las cosas no son diferentes sólo porque lo declaramos así.

Según indicó Schleider, los alumnos, que por primera vez serán examinados de su capacidad lectora en formatos electrónicos, recibirán un lápiz electrónico donde encontrarán unos textos. Entonces navegarán por una aplicación informática que simula Internet, en la cual encontrarán información relevante que les ayudará a responder las preguntas. Cuando uno se entera de estas cosas es cuando con mayor intensidad regresa la reverberación del mazazo de la imprenta.  A Gutenberg se le tiene por el inventor de la imprenta de tipos móviles hace cinco siglos y medio. Pero, en realidad, lo que inventó este herrero alemán fue el analfabetismo. De un solo martillazo, sin anestesia. De repente, prácticamente todo el mundo quedó al otro lado de la verja. A este lado, unos poquitos, los que sabían leer y escribir. Allí, el resto del planeta. Por no tener, Gutenberg no tenía ni autores de qué echar mano, de modo que imprimió nueve millones de biblias, que entonces se llevaba mucho entre la clases cultas. Fue el primer ejercicio en serio de producción en serie.

Desde entonces, hemos recorrido un largo camino para descubrir que saber leer y escribir es imprescindible, pero no basta. Necesita acompañarse de visiones, experiencias, preparación, predisposición para afrontar la vida (o el mundo, según), capacidad de negociar información y conocimiento... Eso lo hemos aprendido a costa de mucho sufrimiento, guerras, huelgas, vaivenes de sistemas educativos, convulsiones sociales, etc. Finalmente, hoy, prácticamente todas las constituciones reconocen, aunque sea de manera formal, el derecho de todo ciudadano a saber leer y escribir, es decir, a disponer del envoltorio que le prepare para el mundo que le ha tocado en suerte.

Por el camino, hemos construido diversos sistemas educativos, por lo general muy apegados a las características de cada sociedad, de cada momento, teñidos por los retos de cada época. El mundo es cambiante porque, entre otras cosas, la educación, con resaca y retranca, lo cambia. Si alguien le hubiera dicho a Gutenberg que su invento nos iba a traer hasta aquí, se habría dado de cabezazos con el yunque para entender de qué le estaban hablando. Curiosamente, hoy nos encontramos ante el mismo dilema. Hace ahora 40 años (el aniversario caerá por el mes de septiembre de 2009), unos pocos señores realizaron la primera experiencia de conectar a cuatro ordenadores en red situados en las universidades de Utah y en las tres más importantes de California. De aquello suavísima brisa nos ha llegado esta tempestad que es la Red, Internet .

Dicho de otra manera, hemos tenido la inmensa suerte de participar activamente en otro momento luminoso de la historia humana: de un sólo calambrazo, como aquel que dice, prácticamente todos nos hemos convertido en analfabetos digitales. Hasta el punto de que incluso el Informe Pisa ahora va a medir la competencia lectora en formatos electrónicos de nuestros alumnos. Pero... entre Gutenberg, su imprenta y el informe Pisa media la enorme distancia y las historias (y la Historia) que han cincelado los sistemas de educación. ¿Qué tenemos entre el invento de la Red y esta medición de la competencia lectora en formatos electrónicos? ¿Qué ha ocurrido en ambos lados, en la Red y en el sistema educativo, como para que nos atrevamos a dar semejante paso? Porque ¿qué es la competencia etc., etc., en qué se basa este concepto, qué encierra? ¿Esa competencia lectora es el fruto de saber “leer y escribir en la era de la Red”?

La primera impresión que uno extrae -precipitada, quizá, por tanto errónea, quién sabe- es que el vocablo “electrónico” pesa mucho en este ejercicio. Pero ¿la Red puede reducirse a esa parte, digamos, de la ecuación? ¿la cuestión de la capacidad lectora etc., etc., estriba en formalizar el síndrome de Google como rasero de nuestra percepción de un mundo construido sobre redes, redes construidas por los propios usuarios de las redes? ¿Qué es lo que realmente llegaríamos a saber de un ejercicio en el que los alumnos tendrán que buscar información en una aplicación electrónica que simula Internet y que ayuda a responder las preguntas? ¿Los resultados nos dirán algo significativo de la destreza de los alumnos para comprender el mundo de las redes en el que ellos actúan -y apenas se les enseña en el sistema educativo- o más bien desnudaría nuestra ignara aproximación al dilema de la alfabetización digital?

Algunos venimos diciendo desde hace un tiempo que el cruce entre la crisis actual y el uso que hagamos de la Red forma parte de la solución de nuestros problemas actuales. No es la solución, sino que forma parte de ella. Y esto implica, entre otras cosas, comprender que saber “leer y escribir” en la Red es una mera transposición del saber leer y escribir con que se combatió al repentino brote de analfabetismo masivo que nos provocó Gutenberg y los imprenteros que le siguieron. Pero no supone, ni mucho menos, un indicador de la alfabetización digital. La Red es mucho más que un libro, o un repositorio de información estática o dinámica. La Red es un espacio virtual de una plasticidad todavía no comprendida en sus contornos infinitos (valga la contradicción), un lugar donde además de poder hacer muchas de las cosas que se hacen en el mundo presencial (como generar y gestionar información), esto se hace con otros, se virtualizan relaciones sociales, se las programa para conseguir objetivos concretos, o no, se generan e intercambian informaciones personal o socialmente útiles, se reelaboran y se fabrican canales de distribución para potenciar su alcance... y un largo etcétera.

Ese es el mundo que, a trancas y barrancas, vamos construyendo en la Red mediante redes confeccionadas por los propios usuarios, sean estos personas, colectivos formales o informales, empresas, administraciones, Estados o el tipo de asociación que queramos imaginar. Ser competentes en ese medio, en el diseño de redes para obtener la información que nos interese para darle continuidad a nuestras aspiraciones -sean las que sean- está mucho más cerca de lo que debería ser el proceso de alfabetización digital. Pero, a fin de cuentas, esto... ¿a quién le interesa? Un buen ejercicio con un lápiz electrónico y toda la parafernalia electrónica es suficiente para que se les salten las plumas a todos los medios de comunicación de masas y los políticos reciban su ducha de modernidad. Con eso ya tenemos suficiente..., al menos por ahora.
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