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El debate sobre el cambio climático

Autor: Luis Ángel Fernández Hermana
26/11/1988
Fuente de la información: El Periódico de Catalunya
Lugar: Hamburgo (Alemania)
Temáticas:  Medio ambiente 
HAMBURGO.- Los científicos de casi todo el mundo comienzan a aceptar que la Tierrra experimentará un aumento de su temperatura media posiblemente de hasta cuatro grados en los próximos ochenta años. Igualmente, el consenso se extiende a que las actividades humanas están contribuyendo activamente a este calentamiento global, cuya magnitud no reconoce antecedentes en tan corto espacio de tiempo. Como lo expresó en el documento final de Hamburgo, donde concluyó recientemente la Conferencia Mundial sobre el Clima y el Desarrollo, la comunidad científica considera que todos los países se verán afectados por los cambios climáticos inducidos por el denominado "efecto invernadero".

Hasta aquí llegaron los acuerdos. El Congreso se encontró entonces con tres posiciones que determinarán el curso de los acontecimientos en los próximos años: qué medidas deben tomarse para reducir las emisiones de los gases causantes del reforzamiento del efecto invernadero, las cuales proceden fundamentalmente de la combustión de combustibles fósiles, de la deforestación y de ciertas prácticas agrícolas; quienes deben tomar estas medidas y con qué urgencia.

Las divergencias fueron claras: algunos países industrializados recomendaron que se tomaran "acciones unilaterales con el fin de reducir las emisiones de dióxido de carbono en un 30 por ciento en el año 2000 y el 50 en el 2015 con respecto a los niveles de 1986" y que se potenciaran las medidas conducentes a aumentar la eficiencia del consumo energético y la diversificación de las fuentes de energía. La Unión Soviética no apoyó esta decisión. Los países en desarrollo sí, pero con prevenciones.

La posición soviética encontrará apoyos -y oposición- a medida que se sepa con mayor detalle la naturaleza de los cambios climáticos que se avecinan. El calentamiento de la Tierra no será uniforme. Algunas zonas del planeta pasarán por fases climáticas frías a expensas de otras donde la temperatura se elevará por encima de la media. Para ejemplificar la compeljidad del problema, alguien dijo durante el Congreso que si se anunciaba en Hamburgo que gracias al efecto invernadero la temperatura subiría en la ciudad, todo el mundo recibiría con alborozo la noticia, sobre todo cuando el termómetro marcaba aquella mañana dos grados bajo cero.
Los holandeses, sin embargo, enarcaron las cejas. Para ellos semejante predicción supondría que el nivel de los mares subiría más de metro y medio, algo para lo que no están preparados los diques que sostienen la vida en los Paises Bajos. Los soviéticos se basan en esta disparidad de criterios frente a los cambios climáticos para apoyar sus argumentos.

Como explicó Michael Budyko, miembro del Comité Estatal para la Hidrometereología de Moscú y una autoridad mundial en la materia, estudios publicados en la URSS en 1972 ya demostraban que la actividad del hombre estaba generando un impacto apreciable en el clima. Las investigaciones posteriores han confirmado esta tendencia, dijo Budyko, como muestran las mediciones de las crecientes concentraciones de dióxido de carbono y de otros gases que potencian el efecto invernadero.

Sin embargo, manifestó el científico soviético a este periódico, "no es realista pensar que se puede disminuir o neutralizar totalmente dichas emisiones, ni ahora ni en el futuro, por una acción voluntaria. La reducción ocurrirá dentro de mucho tiempo debido al gradual aumento del precio del carbón a medida que se agotan las reservas más accesibles". Este será, afirmó Budyko, el factor que permitirá desarrollar fuentes de energía más limpias, así como reducir a nivel general el consumo de energía.

Para muchos científicos, la postura soviética se explica por la posible "apertura de Siberia". Según los modelos actuales, un calentamiento global del planeta significaría que la temperatura subiría por encima de los tres grados de media en una zona que se extiende desde Finlandia por la URSS hasta los 90 grados de longitud Este, en Siberia. En este caso, se supone que la producción cerealera de Kazajastán descendería en un 20 por ciento.

En cambio, aumentaría la producción agrícola de Siberia de manera espectacular y, lo que es tanto o más importante, el estado soviético no tendría en contra el argumento de la inclemencia climática para repoblar tan vasta región y extraer sus enormes riquezas mineras. Como dijo Budyko, el calentamiento del Ártico produciría el retroceso de las áreas de hielos permanentes (permafrost) y los bosques septentrionales reemplazarían a la tundra. Esto crearía la posibilidad de explotar económicamente regiones enormes que ahora están escasamente pobladas o deshabitadas.

Según el científico soviético, el aumento de las precipitaciones en áreas muy vastas y la elevación de la temperatura en regiones con un clima actual frío abrirá a la agricultura territorios actualmente clausurados. Los estudios del Comité Estatal para la Hidrometereología estiman que estos cambios climáticos pueden representar un aumento de hasta un 50 por ciento de la producción basada en los métodos agrícolas más avanzados.

Estas son las razones que esgrime el estado soviético para estimar la posibilidad de una influencia favorable del calentamiento global tanto para la biosfera como para las actividades del hombre. "La reducción del consumo de combustibles fósiles, manifestó Budyko, se justificará económicamente sólo si reporta beneficios que excedan el efecto positivo total del calentamiento global".

La recomendación de reducir las emisiones de dióxido de carbono en todos los países y de manera expeditiva tiene un alcance muy dudoso, según el científico soviético. "Un acuerdo internacional de esta naturaleza podría afectar en sentido adverso a los países que lo adopten sin considerar antes todos los datos disponibles, es decir, sin medir los beneficios que se obtendrían de una planificación centralizada de la economía para aprovechar los innegables cambios climáticos que van a producirse".

Si estos cambios son desfavorables, sobre todo para la agricultura, "será razonable invertir en la reducción de las emisiones. Si no lo son ¿cómo se defenderá la necesidad de adoptar medidas para equilibrar el clima a la situación anterior?". Para Budyko, como para todos los científicos reunidos en Hamburgo, será prácticamente imposible estimar con precisión el impacto económico del calentamiento global en la agricultura durante muchas décadas.
El científico soviético, sin embargo, no tenía muchas dudas respecto a la elevación del nivel de los mares debido al calentamiento global. "Nosotros pensamos que el nivel puede subir varias decenas de centímetros en los próximos 50 o 70 años, por lo que será necesario construir barreras protectoras en las regiones costeras bajas". Los holandeses volvieron a enarcar las cejas.

Budyko concluyó con una afirmación en la que sí estuvieron de acuerdo todos sus colegas: las incertidumbres actuales sólo se resolverán con más investigación. Y de sus resultados dependerá qué tipo de medidas se tomarán, "pero siempre de acuerdo al carácter beneficioso o adverso de los innegables cambios climáticos que experimentaremos en las próximas décadas".


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La postura del Tercer Mundo

Aunque el congreso de Hamburgo era sobre el clima y el desarrollo, los países en desarrollo mostraron abiertamente su perplejidad por las escasas posibilidades que tuvieron de manifestar sus puntos de vista. Estos sólo afloraron en una reunión de todos ellos y en opiniones vertidas en los pasillos durante el recreo entre sesiones.
Silvia Rebora, técnica de la Secretaría para la Energía de Argentina, expresó el sentir de muchos de sus colegas cuando manifestó que "este Congreso es el resultado de la crisis del modelo de desarrollo industrial. El cambio de clima es tan sólo un factor más que se añade a la desertización, la escasez de agua potable o las sequías".

Un eco parecido acogió la opinión de Workneh Degefu, del Servicio Nacional de Metereología de Addis Abeba, Etiopía: "Todos somos muy conscientes de los problemas que nos acarrerán los cambios climáticos. Pero la solución incumbe fundamentalmente al mundo desarrollado, pues entre EEUU, Europa, la URSS y China contribuyen con dos tercios a las emisiones de los gases del efecto invernadero ¿Cómo podemos tomar medidas nosotros si a corto plazo tenemos que afrontar cuestiones tales como la alimentación, la salud y la educación de nuestros pueblos?".

Ante la continua plegaria de los países desarrollados para conseguir el desarrollo sostenido de las naciones atrasadas, Jacob Oppong, profesor de la facultad de Geografía en Accra, Ghana, manifestó sus dudas al respecto. En un aparte con EL PERIóDICO, sostuvo que "todos los datos aquí presentados pertenecen en todo sentido a las naciones ricas. Nosotros lo desconocemos todo respecto a la recogida y gestión de la información".

El delegado africano reclamó la formación de personal ("y que no se queden con los que destaquen"), asistencia efectiva para regenerar la ecología y la instalación de centros de seguimiento de los cambios climáticos en sus países gestionados por ellos mismos. "Sabemos que el clima cambiará a nivel global, ¿pero qué sucederá en la escala local? ¿quién estará en condiciones de actuar en consecuencia?".

El indio Rashmi Mayur, miembro de la Red de Estudios Futuros, apuntó a la compelejidad del mundo que se avecina cuando achacó el calentamiento global del planeta al estilo de vida del mundo desarrollado. "Nosotros tenemos que buscar nuestros propios modelos de desarrollo. Ahora resulta que, casi sin beberlo ni comerlo, tenemos que añadir el efecto invernadero a los graves problemas que impiden nuestro desarrollo. Y, por si fuera poco, tenemos que reducir las emisiones de dióxido de carbono de nuestras industrias atrasadas comprando la tecnología anticontaminante que "ellos" desarrollen".

Los países en desarrollo propusieron una serie de medidas que no fueron recogidas en el documento final. Entre ellas destacaban:

  • Reducir las emisiones de los gases potenciadores del efecto invernadero mediante un impuesto de castigo que haga competitiva la energía solar.

  • Cancelar la deuda externa con préstamos para el ahorro energético.

  • Prohibir la exportación de tecnología no aceptable para los países desarrollados.
A estos puntos añadió el profesor alemán Degens, de la facultad de geología de la Universidad de Hamburgo, que EEUU destine parte de los 120 mil millones de dólares que ahorra por su creciente eficiencia energética a conseguir el mismo fin en los países en desarrollo que, además, están ahogados por la deuda externa.
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