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Cara a cara - Visiones sobre la gestión integrada del agua

Autor: Luis Ángel Fernández Hermana
03/10/2005
Fuente de la información: Revista Medi Ambient. Tecnologia i Cultura
Lugar: Barcelona
Organizador:  Revista Medi Ambient. Tecnologia i Cultura

Revista de Medi Ambient. Tecnologia i Cultura.

Nº 36, Octubre 2005

Cara a cara: el ingeniero de caminos Rafael Mujeriego y el biólogo Narcís Prat confrontan sus puntos de vista sobre qué es y qué no es la gestión integrada del agua. Dos visiones científicas sobre una gestión compleja.


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Narcís Prat: catedrático de Ecología en la Universidad de Barcelona desde 1988 y asesor del consejero de Medio Ambiente de la Generalitat de Catalunya desde 2004. Entre otras actividades, Prat ha sido secretario y después presidente de la Asociación Española de Limnología (1981-1993), perito del fiscal de delitos ecológicos de la Audiencia de Barcelona (1989-1996), miembro del consejo de redacción de la revista Quaderns d'Ecologia Aplicada (1990-2001), miembro del consejo directivo de la Junta de Sanea-miento de la Generalitat de Catalunya y director del Departamento de Ecología de la Universidad de Barcelona (2001-2003).

Rafael Mujeriego: doctor ingeniero de Caminos y catedrático de Ingeniería Ambiental de la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC), donde es profesor desde 1976. Es presidente del Consejo para el Uso Sostenible del Agua (CUSA) de la Generalitat de Catalunya y del comité científico español del Premio del Agua de Estocolmo para Jóvenes. Entre 1995 y 2000 presidió el Grupo Especializado en Regeneración y Reutilización de Agua de la International Water Association (IWA).


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LAFH: El tema de esta entrevista es el titular. Por lo tanto, la primera pregunta es obvia: ¿qué debemos entender como gestión integrada del agua?

RM: La palabra integrada transmite la idea de un conjunto de elementos relacionados entre sí, como sería un sistema, en el que la actuación sobre uno de esos elementos tiene consecuencias sobre los demás. Y para obtener un resultado final, se tiene que actuar armónicamente sobre todos ellos. Es la definición de ecosistema: un sistema interrelacionado de elementos, que funciona con un aporte de energía y que responde a un estímulo generando determinados efectos. El agua es uno de los elementos que componen el medio y puede tener multitud de usos. Las diferentes variables deben ser tratadas de forma armónica, no se puede actuar sobre uno de los elementos sin tener en cuenta los otros.

Dicho esto, si hay un texto de actualidad que transmite este punto de vista desde la civilización, la ingeniería y la ciencia es la Directiva Marco del Agua del año 2000. La DMA/2000 es todavía un documento interpretable, una especie de evangelio que debemos leer con atención. No obstante, es un documento que tienen que dar mucho de sí y que ha consolidado la consideración del medio ambiente, algo que nos faltaba en nuestras culturas, como parte de la gestión del agua.

Hoy la gestión integrada del agua (GIA) se plantea alrededor de tres grandes criterios:

  1. Contemplar una amplia variedad de opciones. O sea, que no existe una solución única. En el pasado, el problema del abastecimiento se resolvía mediante una gran actuación: un trasvase, un pantano, etc.
  2. La adopción simultánea de distintas soluciones requiere el desarrollo armónico de dos grandes grupos de realidades: las infraestructuras (lo físico) y la gestión (lo virtual), o la realidad y el "software". ¿Estamos equilibrados en este sentido? Creo que, por ahora, tenemos más de lo primero que de lo segundo.
  3. La planificación de esas actuaciones mediante la anticipación para evitar políticas de corto plazo.


Para terminar, quiero regresar a la caja de herramientas que nos permitirá implantar una GIA:

  • Proteger nuestras fuentes de suministro de agua (evitar la contaminación).
  • Ahorrar agua o hacer un uso eficiente de la misma con todos los matices que queramos añadir. El ahorro de agua no siempre supone un beneficio general, puede ser sólo uno muy localizado.
  • Ampliar el campo de la regulación: almacenar en épocas de abundancia para disponer en épocas de escasez. Este es un proceso de adaptación evolutiva que conocemos muy bien. Pero no sólo almacenar, sino también protegernos frente a las avenidas y las riadas, que son una característica de nuestra geografía y en cuya gestión los embalses juegan un papel fundamental.
  • Intercambiar los usos del agua entre todos los usuarios potenciales: el medio ambiente, los usos urbanos, los usos agrícolas y los usos industriales.

Hay dos herramientas más para la gestión integrada del agua que son novedosas en nuestra cultura:

  • La reutilización y la regeneración planificada del agua para usos potables y no potables.
  • La desalinización de aguas salobres y aguas marinas.


NP: LA GIA depende de dónde se hace y de los objetivos que se fijen. En el contexto catalán o español sabemos lo que puede llegar a significar, pero en países de África o de América Latina puede tener un significado muy diferente. La directiva europea nos ofrece un marco muy claro al establecer como límite básico el medioambiental. Y ésta es la novedad. De valorar el agua sólo como recurso, hemos pasado a considerarla como un activo ambiental, y esta consideración debe ser un objetivo central en la planificación y en la gestión integrada del agua. Este es el tema clave.

Tener un medio ambiente en buenas condiciones significa disponer de ríos y embalses limpios para que cuando captemos el agua, ésta sea de calidad. Y sabemos que esto es cada vez más importante. Cada vez somos más capaces de medir cualquier cosa en el agua, y cuando nos estamos acostumbrando a un contaminante emergente que parece ser muy perjudicial resulta que salen otros tres. Los temas de calidad, pues, son también fundamentales. Mejor coger el agua sin necesidad de tratarla, que tener que tratarla ochenta veces porque está hecha un desastre. Si el objetivo de la gestión integrada del agua es mantener el medio ambiente en buenas condiciones, pues esto garantiza que el usuario disponga de agua de calidad. Comprender esto es un primer paso esencial para poder actuar entonces en otras direcciones.

La DMA/2000 obliga a un cambio acelerado de mentalidad en España. Hasta hace un año y medio, la política del agua ya tenía la solución: el trasvase, por ejemplo, para Cataluña, y no pensábamos en nada más. Hemos vivido con esta idea durante 25 años. Lo demás (regeneración, desalinización, reutilización, etc.) era algo que se podía hacer, pero no constituía el meollo de la cuestión. Al cambiar el punto de mira hacia la calidad, cambia también todo lo demás. Si el río debe darnos agua de cierta calidad, éste tiene que llevar cierta cantidad de agua y no puede ser que vaya medio seco. La paradoja del Segura es que están pidiendo un trasvase y otras intervenciones en un río que no llega al mar, o sea, que ya no es un río.

Por lo tanto, cuando entendamos que una cierta cantidad del agua de la lluvia que recibe la cuenca de un río debe llegar al mar, entonces también entenderemos muchas otras cosas en las que nos hemos enrevesado últimamente. Si hay gente, entre ellos muchos políticos, que dice que el agua del río se pierde en el mar, eso tan típico que escuchamos tantas veces como que "el Ebro ha arrojado al mar veinte trasvases", pues entonces no hablemos de sostenibilidad ni de mejorar el medio ambiente. Lo mismo puede decirse con respecto a la cantidad. Si nosotros tenemos derecho a tener agua para beber, los ecosistemas también tienen derecho a tener agua para sostenerse. Cuando armonicemos ambas cosas podremos entrar entonces en el mundo de la gestión integrada.

RM: Yo prefiero hablar de criterio ambiental en vez de límite ambiental. De ahí surge la necesidad de aplicar los criterios fijados en la DMA/2000 que, como digo, es un documento interpretable. Pero corresponderá a las administraciones y los ciudadanos realizar esta interpretación mediante un proceso de consenso y de debate conjunto para determinar finalmente qué tipo de medio ambiente queremos. No tenemos una foto ideal del medio ambiente al que aspiramos. Por eso creo que la gestión integrada del agua se puede iniciar antes de tener resuelta esta foto ideal, pues se trata de ordenar los medios de que disponemos para conseguir los fines que nos hemos fijado.

LAFH: ¿Existe un desequilibrio hídrico en España entre la oferta y la demanda? Se dice que el consumo aumenta entre un 13 y un 15% anual, pero que poseemos la misma cantidad de agua, no hay reservas nuevas. ¿Cómo será posible armonizar los dos conceptos mencionados ante una situación de este tipo?

NP: Bueno, la verdad es que el consumo en España crece muy poco. Ni siquiera en Murcia. La región metropolitana de Barcelona, por ejemplo, consume ahora prácticamente la misma cantidad de agua que hace 25 años, unos 450 hectómetros cúbicos al año aproximadamente. Junto con el aumento de la población y de las segundas residencias se han producido también cambios en las pautas de consumo, se han reducido los usos de carácter industrial y se ha incrementado la eficiencia de la red de distribución. Una cosa ha compensado a la otra. De todas formas, los recursos disminuirán en el futuro por el cambio climático y por otras razones que apuntaremos en la entrevista. Ciertamente estamos en un equilibrio inestable.

Por otra parte, quien planifica el territorio y decide si un municipio crece en 10.000 personas no es quien planifica el uso del agua. A aquel lo único que le interesa es hacer casas. Hace seis o siete años se pensaba en una Cataluña de seis millones de habitantes que apenas iba a seguir creciendo. Ahora estamos hablando de una Cataluña de ocho millones de habitantes. ¿Cómo se va a dar de beber a ocho millones de habitantes? Pues dependerá de muchos factores, de si se concentran en la región metropolitana o si se esparcen por el resto del territorio. Además, los recursos hídricos de Cataluña no son iguales en las cuencas del Muga, del Segre o del Francolí. No estamos seguros de que con los recursos que tenemos le podamos dar agua de calidad a esta población, a menos que usemos los instrumentos que hemos mencionado, como el agua regenerada. Creo que esto no está todavía bien estudiado.

RM: La zona metropolitana de Barcelona viene registrando incluso un descenso tenue del consumo. Pero la cuestión más importante es la fiabilidad del suministro. Sólo disponemos de reservas para unos días. Si por alguna razón nos faltara el suministro de agua, no tenemos forma de amortiguar la escasez. La precipitación media en la zona metropolitana de Barcelona es similar a la de Londres, pero Barcelona la recibe en tres o cuatro episodios, mientras que en Londres cae a lo largo del año. Si pasara algo grave en la Barcelona metropolitana, en pocos días tendríamos problemas serios de suministro. Madrid, sin embargo, tiene más fiabilidad en su abastecimiento. De todas maneras, además de la fiabilidad, el déficit fundamental en la región metropolitana de Barcelona es el de la calidad del agua.

NP: A la calidad se puede llegar por dos vías. Una es, como la de Madrid, con muchos embalses, mucho tubo y mucha infraestructura. Pero es una manera muy agresiva con el medio ambiente. La otra es una actuación más local: acuíferos, desalinizadoras, etc.

LAFH: ¿Tenemos buena información para empezar a tomar decisiones en la perspectiva de la gestión integrada del agua?

RM: Hay un considerable volumen de información. El desequilibrio más importante reside en el grado de participación en la toma de decisiones. Debemos aprender a educar a todos, informar a todos, no sólo a unos pocos. Si no, la reacción normal es de desconfianza. Creo que carecemos de una cultura adecuada para ponernos de acuerdo a partir de criterios debatidos en común. De ahí esa tendencia a adoptar soluciones categóricas sin fundamentos sólidos y consensuados.

NP: Creo que información hay mucha, pero muy dispersa. Hay información clave que no es pública. Se necesita una mayor transparencia para poder contrastar información de procedencia interesada. El gestor a veces no quiere saber ciertas cosas porque ya tenía una decisión tomada. Esta ha sido hasta ahora nuestra historia de la gestión del agua. Los señores que inventaron el trasvase del Ebro ya lo habían decidido antes de tener el estudio ambiental necesario para tomar esa decisión.

Por lo tanto si, por ejemplo, la Agencia Catalana del Agua tiene cincuenta estaciones de aguas subterráneas donde se miden veinte parámetros, pues esta información tiene que estar en la red para que todo el mundo sepa cómo están los pozos, los ríos, etc. O sea, toda la información relevante debe estar en la red y tiene que ser elaborada de una manera comprensible para el público y las organizaciones involucradas o afectadas. Por eso también es importante la DMA/2000, porque pide que se conozca cierto tipo de información antes de emprender determinadas actuaciones, como los datos biológicos del agua, cuando antes sólo se consideraban los datos químicos. En el año 2009 todos los países europeos tienen que mandar a Bruselas un Plan de Gestión de las Cuencas. Por lo tanto, este trienio es clave para fijar los objetivos, las medidas y el Plan de Gestión. Todo ello está muy ligado a planes de inversiones para llevar a cabo esos planes de gestión. Ahí podremos ver si vamos en la línea de la Directiva para el siglo XXI o si tomamos otros derroteros. Será el momento en que tendremos que mojarnos y decidir dónde vamos a intervenir y dónde no, ya sea por dificultades materiales o financieras. Esta es una acción que corresponde a los gobiernos autónomos y al gobierno español, que les tienen que explicar a sus ciudadanos cómo van a quedar sus ríos.

LAFH: ¿Es un arco de tiempo realista para encontrar y plantear soluciones?

RM: Bueno, la defensa del medio ambiente no nos puede hacer olvidar lo cotidiano. Si en estos días no llueve [verano de 2005], las escasas reservas de agua van a experimentar unas tensiones importantes. Por eso hay que ir impulsando cambios progresivos combinándolos con la resolución de las necesidades cotidianas. Yo soy optimista; tenemos las herramientas necesarias para alcanzar los mejores objetivos, pero necesitamos ser flexibles y ágiles y no perdernos en el papeleo burocrático. De otro modo, si persistimos en un tipo de gestión tradicional, no lo conseguiremos. Si las sequías se prolongan durante varios años consecutivos, vamos a pasar momentos muy difíciles a menos que adoptemos una actitud más dinámica.

NP: Creo que nos enfrentamos a dos problemas: primero, la gestión del agua ha sido hasta ahora bastante lastimosa. No hay visión de conjunto y cada uno trata de escurrir el bulto. Cuando se presenta un problema nuevo, ya sea la regeneración del agua o problemas de salud pública, todo son dificultades y los administradores no se ponen de acuerdo para tomar las medidas adecuadas. Ahí tenemos episodios como la contaminación de Flix, vemos cómo pasan los meses y, o no ocurre nada, o las administraciones se pelean entre ellas sobre razones que les conducen a la parálisis. Creo que gran parte de este desbarajuste burocrático podría empezar a solucionarse si el proceso de toma de decisiones se descentralizara en favor de los entes locales.

En segundo lugar, el actual mapa político de España impide gestionar el agua de una manera coherente. Lo vemos, por ejemplo, en el caso del trasvase Tajo-Segura. Los gobernantes de Murcia y Castilla-La Mancha siguen incluso orientaciones diferentes a las de sus propios partidos políticos. Al presidente de Castilla-La Mancha le ha dado por pasar agua del Tajo a Albacete para regar maíz, y Murcia la quiere para regar lo suyo. ¿Qué racionalidad tiene regar maíz en Albacete? Ninguna. Pero se subvenciona esta actividad porque los beneficiarios son unos señores que van a votar en un determinado sentido. Lo mismo se puede decir de Murcia con el caos al que han llegado en el tema de los regadíos. En este contexto, no sirve de mucho que expliquemos la necesidad de proteger el medio ambiente y garantizar la calidad del agua para cumplir con la DMA/2000. Para ellos, lo importante es salir en el telediario de las nueve de la noche y defender públicamente sus posturas. En Cataluña, la situación afortunadamente no es igual, ahora hay otra sensibilidad y la oposición parece más racional. Pero en España, en especial en el Levante, es muy difícil hacer una política de agua coherente.

RM: Todo esto además es más complicado en momentos de sequía. No hemos sido capaces de alcanzar un consenso previo que nos haya permitido fijar las reglas del juego. Nosotros tenemos también situaciones parecidas, como las que se dan entre Cataluña y Aragón. En los Monegros están regando girasol por aspersión que previsiblemente no se va a cosechar. Incluso están cultivando arroz, todo subvencionado. ¿No sería mejor ponernos de acuerdo sobre la utilidad del agua empleada en estas actividades? "¿Cuánto le rinde a usted esa explotación de girasol? Pues bueno, le ofrezco abonarle el importe y no hace falta que malgaste el agua". Para esto se requiere un entendimiento previo, que se traducirá en la creación de bolsas o bancos de agua virtual.

Además, la faceta ambiental no comprende sólo los seres vivos de los ecosistemas, sino también la energía, los aportes de CO2 y de otros gases de efecto invernadero. Esos factores hay que incluirlos en la reflexión global y tenerlos en cuenta a la hora de tomar decisiones y recalificar las prioridades, ya sea para construir desalinizadoras o para gestionar acuíferos. La modernidad no debe hacernos perder de vista estos parámetros.

LAFH: ¿Qué papel van a jugar los precios en la gestión integrada del agua para regular sus usos?

NP: Una parte importante, sin duda, pero con ciertas limitaciones. El agua es un activo ambiental que si lo fías al precio puede producir distorsiones considerables. Si se hacen inversiones para ahorrar agua, pero después esa agua se mete en un banco de agua para venderla, pues no hemos resuelto nada. Hay que mantener un equilibrio entre la pata económica, la social y la ambiental. Es lo que nos dice el sentido común y también la Directiva.

RM: Ya que hablamos de precios y subvenciones, cabe señalar que en California se pagan cosechas que, por consideraciones coyunturales, no son rentables o necesarias y así se evita el uso del agua. De este modo se protege el medio ambiente y se promueve el uso eficiente del agua. La entidad metropolitana del sur de California, que abastece a dieciocho millones de habitantes, prácticamente la mitad del Estado, ha logrado acuerdos con cinco municipios poseedores de acuíferos para generar un embalse virtual de 230 hectómetros cúbicos, superior al segundo embalse real del Estado. Prácticamente no han hecho ninguna obra, lo han conseguido sólo mediante la gestión de los acuíferos para almacenar agua en ellos en épocas de abundancia (o ahorrando agua de cultivos inútiles) y usarla en fases de escasez. Mediante esta forma de gestión han propiciado la creación de un recurso hídrico adicional mucho más fiable.

NP: Eso es lo que nos falta aquí, que la gente hable y se ponga de acuerdo. La ACA no posee la estructura necesaria para promover y conducir este tipo de debates. Viene una sequía y un par de personas hacen un decreto con la mejor intención del mundo, pero no han hablado primero con los afectados. Y éstos se cabrean cuando ven que les ponen restricciones que no ven necesarias. Falta esta necesidad de hablar y de consensuar las decisiones. A un ingeniero estadounidense no se le ocurre ponerse a planear un embalse sin consultar antes con las personas y las organizaciones que, de una u otra manera, se verán afectadas.

RM: Saben que todos ganan si lo hacen, aunque las negociaciones tarden tres o cuatro años. En todas estas iniciativas, la Administración tiene que comprender que no puede abarcar todas las facetas de la gestión del agua, que debe descentralizar sus funciones en el sentido físico e incluso desde el punto de vista de la propiedad. Lo que debe reservarse es la capacidad reguladora de la gestión del recurso.

LAFH: Todo lo que estamos comentando tiene, además, un escenario de fondo tan preponderante como es el del cambio climático. Sabemos que España es un país bisagra entre dos geografías tan caracterizadas como la del norte de África y la meridional europea. Todos los estudios que van apareciendo al respecto apuntan a que nuestro país se encuentra en una posición muy vulnerable ante esta eventualidad de que la variabilidad climática natural se acentúe por la acción de las actividades del hombre. ¿Estamos preparados para afrontar un cambio climático como el que apuntan las previsiones actuales?

NP: La Administración del agua, no; no está preparada porque no ha pensado seriamente en estos problemas. En España y, por supuesto, en Cataluña, durante dos décadas su objetivo ha sido que nadie se entere de que este es un país mediterráneo y, por lo tanto, que cuando uno abre el grifo siempre debe esperar que va a salir agua. Esa percepción no se cambia de golpe. No podemos decirle a cuatrocientos funcionarios de la noche a la mañana: "Este es un país mediterráneo donde hay escasez y además el cambio climático nos lo va a poner peor". Eso no es lo que hemos venido diciendo durante todo este tiempo. Hay que empezar a abrir otras líneas de gestión, por supuesto, como las que ha señalado Rafael y que está tratando de desarrollar el propio Departamento de Medio Ambiente y Vivienda de la Generalitat. Pero necesitamos un cambio profundo en la percepción de la Administración para que actúe en consecuencia.

Creo que, desde este punto de vista y tal y como ya hemos señalado antes, la Administración hidráulica española tiene una estructura y una forma de trabajar que no se corresponde con la dimensión y la naturaleza de los problemas que debe resolver. No se trabaja en equipo, en colaboración, se potencian los compartimentos estancos y la falta de comunicación. Este estado de cosas requiere una remodelación profunda porque, de lo contrario, incluso aunque hubiera un primer ámbito político que se creyera la necesidad de cambiar la perspectiva actual de la política hídrica, a lo mejor no se podría implementar porque no hay gente preparada para ello. A esto se añade que no tenemos una cultura de la participación, como ocurre en EE UU. Allí, cuando la Administración propone un proyecto, ya sabe que nunca acabará como está en el borrador original, porque lo debe someter a consultas públicas, dictámenes, debates, etc. Y le van a cambiar el proyecto. Aquí partimos de la idea de que si propongo algo y alguien lo critica, pues ya me molesto y me enroco en su defensa. Tenemos que cambiar esta cultura para tener una administración del agua preparada para el siglo XXI.

RM: Es cierto que estamos en una franja geográfica muy sensible, con un aumento de población que no se había previsto hace unos años. Ahora somos polo de atracción del sur y también del norte, porque aquí hay una calidad de vida que ellos aprecian. Aunque no haya indicios irrefutables sobre el cambio climático, sí hay indicadores sugerentes que nos deben llevar a aplicar el criterio de que más vale prevenir que curar. Por lo tanto, sí que hace falta una nueva forma de hacer las cosas. Por ejemplo, creo que con una entidad reguladora nos basta. Lo que debemos promover, además, son entidades ejecutoras, como organismos locales, consorcios de agua y consejos comarcales, que tengan el dinamismo necesario para llevar a cabo las nuevas formas de gestión. ¿Cómo lo hacemos? Pues hay que desarrollar nuevas infraestructuras, no como lo hemos hecho en el pasado, sino utilizando de manera combinada las herramientas que hemos mencionado. Y hay que ofrecer nuevas opciones como la regeneración, la reutilización planificada y la desalinización. Estas opciones requieren una participación más intensa, si cabe, porque se trata de novedades. Las alternativas que mencioné al principio tienen un orden creciente de costes, económicos y ambientales, a medida que aumentan su grado de complejidad técnica.

El decreto de sequía ha propiciado un debate muy vivo entre los agentes sociales poniendo de manifiesto la posibilidad de que se plantee una nueva guerra del agua, como más de uno de esos agentes ya ha anunciado, a menos que se explique todo bien y se entienda lo que implica y los costes que conlleva, que, en algunos casos, serán importantes. E, insisto, muchas de estas cosas las sabemos hacer y sabemos lo que cuestan; nos falta incorporarlas al debate de la gestión del recurso.

NP: Si estamos hablando de una gestión integrada, donde una sola medida, como el trasvase, es sustituida por muchas medidas, hay que hacer una valoración detallada de éstas para poder priorizarlas desde el punto de vista económico, social y ambiental. Es necesario consensuar criterios antes de pedir dinero para infraestructuras que nos comprometen durante mucho tiempo y sin estudios que las avalen.

RM: Dependiendo de la infraestructura que se utilice, el coste más importante será la inversión o la explotación. En algunos casos, como los embalses o los trasvases, la inversión supone el mayor coste y lo suele pagar la Administración, ya sea Madrid o Bruselas. En otros casos, como la desalinización, los términos se invierten, el coste de la explotación iguala o supera al de la inversión y el ciudadano suele sufragarlo. Este es un cambio que vamos a notarlo pronto y debemos estar preparados para explicarlo, porque va a generar un debate intenso.

LAFH: La gestión integrada nos pone ahora en las manos una serie de instrumentos e infraestructuras que anteriormente habían estado sometidas a fuertes discusiones: si usar o no intensivamente los acuíferos u otras fuentes no renovables al mismo ritmo del consumo, el papel de la contaminación, la necesidad o no de desalinizadoras de aguas marinas o insalobres, etc. ¿Qué ha sucedido para que hayamos franqueado tantas puertas en tan corto período de tiempo?

RM: Bueno, para empezar con un ejemplo, el uso conjuntivo de aguas superficiales y subterráneas ha sido ampliamente debatido en las dos últimas décadas en España y creo que es así como hay que hacer las cosas. El acuífero es un embalse subterráneo. Y si se extrae agua de éste, hay que recargarlo para mantener el equilibrio. Esa recarga puede ser natural o planificada. Y ya tenemos experiencias de ambos casos. En esa línea, en el Llobregat se va a hacer una experiencia interesantísima que todo el mundo debería conocer: la construcción de una barrera contra la intrusión salina mediante agua regenerada. La idea es inyectar agua para crear una cortina que impida la entrada de agua del mar. Pero, además, hay que ir rellenando el acuífero, porque si lo sigues usando, la cortina al final tendrá un efecto muy limitado. Esa es la clave en el uso de las aguas subterráneas: extracción y recarga. Rellenar en épocas de abundancia y extraer de estos acuíferos incluso un poco más de agua de la cuenta en épocas de sequía. El acuífero es, en definitiva, una gran reserva considerada cada vez más de carácter estratégico.

NP: Al mismo tiempo, el Departamento de Política Territorial de la Generalitat de Catalunya está introduciendo un AVE, un metro y otras obras de gran envergadura que ciegan o afectan acuíferos, como también se está haciendo en Baleares y en otras partes. No está muy extendida todavía una conciencia de que los acuíferos son una reserva estratégica. Cada uno va a la suya y aplica políticas sectoriales.

RM: Yo no creo que sea una cuestión de mala fe, sino de falta de coordinación. Es similar a lo que sucede en las riadas en la cuenca baja del río Llobregat, que están potenciadas en gran parte por la impermeabilización urbana. ¿Quiere decir eso que hay que dejar de hacer casas? No, pero sí hay que hacerlas de otra manera, con otros pavimentos que no favorezcan tantas escorrentías. Lo mismo tenemos que hacer en el caso del AVE a su paso por el acuífero del Llobregat. El túnel del tren puede convertirse en una pantalla que perturbe la circulación subterránea del agua. ¿Perturbará esta obra al acuífero? Pues hay que valorarlo para decidir cuál es la mejor solución.

LAFH: Bien, el otro tema controvertido que ha motivado un fuego cruzado durante mucho tiempo entre expertos, técnicos y funcionarios es el de las desalinizadoras. Ahora parece que hay una política oficial que favorece su implantación. Según los datos que se manejan oficialmente en España, hay en estos momentos unas novecientas desalinizadoras que, lógicamente, varían considerablemente en su tamaño y capacidad. ¿Qué ha pasado para que la desalinizadora haya vencido las resistencias más enconadas y se haya convertido en un elemento más del arsenal de la gestión integrada del agua? ¿Hemos encontrado de repente una "solución mágica"?

NP: Está pasando algo parecido a lo que sucedía hace años con los parques eólicos. Había gente que decía que no solucionaban nada, que eran una tontería y ahora quieren ponerlos por todas partes. Antes no era un buen negocio y ahora sí. Con la desalinización está ocurriendo otro tanto. De no ser la alternativa para el trasvase o intervenciones de este tipo, ahora parecería ser la solución para todo.

Y no es así: es una buena medida en el contexto adecuado. En el caso de Cataluña, la apuesta por la desalinización es una apuesta cuantitativa (sesenta hectómetros cúbicos) y cualitativamente muy importante. Nos permite disponer de agua de muy buena calidad, que es uno de los problemas más graves que tenemos en el caso del Llobregat por las minas de sal y las depuradoras. Si mezclamos el agua del río con la de la desalinizadora podemos conseguir un cambio de calidad espectacular. La desalinizadora tiene la ventaja y el inconveniente de que tiene que estar funcionando constantemente, no la puedes desconectar. Esto significa que en épocas húmedas, cuando haya bastante agua, puedes disminuir la presión sobre otros recursos, se puede guardar agua de otras fuentes. La parte negativa es que va a gastar bastante energía y a emitir CO2. Por eso hay que establecer un balance entre ventajas y desventajas para decidir si merece la pena o no.

RM: La desalinización tiene la ventaja de que el coste de las membranas de filtración ha bajado de manera significativa, del orden del 10 al 20% anual. Lo que no se ha conseguido reducir todavía es el aporte energético, que es aproximadamente de unos 4 kwh/m3. La planta de desalinización de Blanes es una instalación pequeña (20.000m3/día) que puede requerir hasta 5 kwh/m3 cuando se incluye el proceso de captar y distribuir el agua. Esto con respecto al agua de mar. Los consumos son mucho menores cuando se trata de agua salobre. El tema reside en la inversión: está en torno a los cuatro euros por cada metro cúbico de capacidad anual. La planta prevista para Barcelona (60.000m3/d) tendrá un coste de inversión de unos 240 millones de euros. Si lo comparamos con otras alternativas, como sería regenerar agua depurada mediante una planta colocada después de la depuradora convencional, la inversión sería de 0,26 euros por metro cúbico de capacidad anual. Pero los usos serían diferentes, aunque podría pasarse a un agua de una calidad superior para recargar acuíferos o usos similares, como ya se hace en otras partes, lo cual, claro está, encarecería el proceso. Por último, tenemos la posibilidad de otra alternativa: almacenar agua en los llamados "embalses en derivación". La Diputación de Álava ha financiado la construcción en Vitoria de uno de éstos, de siete hectómetros cúbicos de capacidad y le sale a 1,8 euros de inversión por cada metro cúbico de capacidad. Actuaciones similares podrían hacerse en Cataluña...

NP: Yo creo que en Cataluña sería muy difícil, es un territorio más poblado, sería socialmente muy complicado...

RM: Bueno, como todo hoy día, se trate de cárceles o de este tipo de embalses. Pero lo importante son las magnitudes económicas en juego. Creo que en Cataluña, en la zona de la costa, se podría regenerar y reutilizar el agua para usos que no sean de consumo humano directo. Estos recursos adicionales nos permitirían hacer cosas sorprendentes. Por ejemplo, si nos traemos el agua del Ter hasta Barcelona, ¿por qué no podríamos devolver el agua depurada y regenerada hasta el Tordera? Creo que sería una opción más razonable económica y ambientalmente que la de desalar, aunque la desalinizadora sea más fácil de gestionar administrativamente.

Además, regenerar agua es algo que sabemos hacer y, de hecho, estamos haciendo algo similar en las plantas de Sant Joan Despí y de Abrera, donde producimos agua potable a partir del agua que baja por el Llobregat, que en estos momentos no es necesariamente mejor que el agua de un efluente secundario de buena calidad. O sea, sabemos conseguir agua regenerada de calidad y se podría destinar a usos que no incluyan el consumo humano. ¿Costará transportarla? Por supuesto, pero es una inversión de futuro para el país.

LAFH: Yo le entrevisté a usted para El Periódico de Cataluña por primera vez hace unos veinte años, y ya planteaba soluciones de este tipo. Recuerdo, además, que organizó en aquel entonces un congreso internacional en Castell-Platja d'Aro, en la Costa Brava, sobre la regeneración y reutilización del agua, al que vinieron expertos y administradores de California, Israel y de otras partes del mundo que mostraron las soluciones que estaban implementando. ¿Qué nos ha sucedido? ¿Por qué no hemos avanzado más por este camino? ¿Por qué todavía seguimos hablando de la regeneración del agua como si fuera la gran novedad y no hemos logrado integrarla dentro de la política hídrica del país?

RM: Pues por las mismas causas que sufrieron y sufren quienes proponen este tipo de soluciones. Aquí tengo un documento de inicios del verano del 2005 de la Asociación de Suministradores de Agua de California que engloba a unas 440 agencias en el que solicitan que las autoridades federales y estatales que se conceda más competencia a los entes locales para que desarrollen estas soluciones. ¿Quiénes han desarrollado la reutilización en Cataluña? Los que están en contacto con la realidad del recurso, los que necesitan agua para una variedad de usos -sea para campos de golf, cultivos de maíz o lo que sea- y buscan las distintas formas disponibles de satisfacer la demanda. La Diputación de Álava ha hecho una inversión de 28 millones de euros para construir la red de distribución en alta de agua de riego en 10.000 hectáreas, que incluye el embalse en derivación. La planta para regenerar el agua ha costado 3,25 millones de euros y produce doce hectómetros cúbicos al año, suficiente para satisfacer lo que consumen en el verano y para almacenar en el invierno. Su coste de funcionamiento es de 0,4 millones de euros al año. Los agricultores pagan la distribución, la explotación y el bombeo hasta en su parcela. Ahora, además, Vitoria puede recalificar suelo agrícola a industrial porque ya tiene resuelto el problema del agua. Y esto interesa a las compañías, como la Mercedes, que se instalan entonces allí.

La regeneración del agua no es la panacea, no lo resuelve todo, pero ayuda mucho. Y, lo más importante, es que sabemos hacerlo y podríamos dar un salto cualitativo importante. A mí me sorprende ahora esta reconversión repentina en favor de las desalinizadoras, parece que para ser modernos ahora hay que tener una buena desalinizadora. Pero hay otras soluciones y deberíamos estudiarlas con cuidado.

NP: Nosotros pensamos que la desalinizadora está sobredimensionada, que con treinta hectómetros cúbicos basta, no hacen falta sesenta. Pero, claro, como dijeron los ingenieros de la Agencia Catalana del Agua, se acaban los fondos europeos, entonces ponemos una de sesenta hectómetros cúbicos y nos cubrimos para el futuro.

RM: Pues fíjate qué error. Estamos como en los años ochenta pensando que nos harán un gran regalo de inversión, pero después tendrá que venir un consejero a decirnos a los ciudadanos: "Oiga, que debemos subir el canon del agua".

LAFH: Bien, para terminar, permitirme una pregunta de corte "existencialista": ¿la gestión del agua tiene que estar sólo en manos de los ingenieros?

RM: No en manos sólo de los ingenieros, ni de los políticos, ni de los ecólogos. Ha de ser objeto de un debate y de una reflexión en la que participen los profesionales y los usuarios en general.

NP: Debe estar en manos de quien sepa gestionarla de acuerdo con los objetivos de una gestión integrada que coincida con las directrices de la Directiva Marco. No importa si es un ingeniero, un biólogo o quien sea. De todas maneras, no creo que pueda estar en manos de una sola profesión -que no lo está, ¿eh?- por ser un tema tan complejo. Además, creo que debe haber otra pata importante y es que la sociedad les apriete, que haya una conciencia social de manera que cuando estos técnicos, ingenieros o biólogos buenísimos vengan con un plan magnífico, alguien les toque por detrás y les recuerde otras opciones y posibilidades. Hay siempre una especie de paternalismo y a los técnicos les cuesta "descender" a hablar con los simples mortales. Debemos creernos el tema de la participación y que la gente pueda intervenir en el diseño de estas políticas.

RM: Este tipo de decisiones afectan a los ciudadanos, como lo hacen su mejor capacidad industrial y la mayor rentabilidad y fiabilidad de su industria. Por lo tanto, los usuarios, de manera estatutaria y organizada, deben participar en este proceso de toma de decisiones. Tenemos que desarrollar foros, como los que en otros lugares se denominan consejos asesores, que incluyan a profesionales y ciudadanos con credibilidad y conocimientos contrastados.

LAFH: Apoyarse en la encuesta pública y en el resultado de ésta valorado por el dictamen del Consejo Asesor.

NP: La Administración está acostumbrada a considerar que los organismos de participación son floreros y que pueden tomar decisiones sin consultas previas. No tenemos esta tradición de consensuar. Al señor que hace el decreto de sequía no se le ocurrió consultar con los afectados porque no hay costumbre de hacer semejante cosa. El CUSA debería recibir información y emitir opiniones que guíen las decisiones del gobierno.

RM: La participación ciudadana es crítica. Si el gobierno hace una propuesta, no puede pretender que el proyecto quede inmaculado, porque hay otros partícipes cuyos planteamientos habrá que escuchar y tener en cuenta. Todo el mundo tiene derechos legítimos que se deben atender.

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