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Entrevista a Susan George.

Autor: Luis Ángel Fernández Hermana
28/10/1996
Fuente de la información: Revista Medi Ambient. Tecnologia i Cultura
Lugar: Barcelona
Organizador:  Revista Medi Ambient. Tecnologia i Cultura
"No queremos escuchar que nuestro nivel de consumo crea una mayor presión demográfica y una destrucción ecológica en los otros pases. El costo de nuestro estilo de vida es muy elevado, pero los problemas no desaparecen o dejan de ocurrir simplemente porque no miremos hacia donde se expresan."

Demógrafos, sociólogos, economistas y expertos de diversas categorías sociales, están de acuerdo en considerar a las emigraciones desde el Norte de África hacia Europa como la cuestión más candente y compleja del próximo milenio. El Mediterráneo, sin embargo, es una de las tantas regiones que someterán a una creciente presión migratoria a las zonas ricas del mundo, que representan tan sólo una quinta parte de la población del globo. Otras zonas de África, vastas regiones asiáticas y el constante goteo desde América Latina hacia EEUU muestran todos los síntomas de lo que puede finalmente convertirse en la era de las grandes migraciones . La causa de fondo de un movimiento humano de esta envergadura descansa en los profundos desequilibrios económicos que dividen al mundo en dos mitades: los que tienen y los que no tienen. Estos mismos desequilibrios, que forman una parte estructural de los propios pases ricos, indican que estos no están preparados ni cultural, ni política ni socialmente para lidiar con un fenómeno como el de las migraciones.

Susan George considera que la solución a este grave problema sólo puede venir de la mano de una solidaridad bien entendida: promocionando el desarrollo en los pases atrasados, estimulando las tendencias económicas más viables localmente y favoreciendo un intercambio comercial sin cortapisas ni condicionantes.



P.-- Cuando se hacen proyecciones sobre lo que representar el flujo migratorio en los próximos años se habla de millones de individuos en un espacio corto de tiempo, cifras que volverán insignificantes las que tenemos ahora. Y, sin embargo, si hacemos casos a las medidas policiales que adopta la UE y lo que nos dicen algunos partidos políticos y ciertos medios de comunicación, la emigración ya es un problema ahora en varios pases europeos. Es esta un visión realista, estamos exagerando la nota o simplemente alguien se está poniendo el parche antes de la herida?
R.--
Europa, en general, y Francia, en particular, se están volviendo cada vez más paranoicos con la cuestión de la inmigración y, de paso, están abriendo las puertas a la derecha que se encuentra con el camino trillado. Y lo peor es que no existe un problema real. En realidad, no sabemos de cuántos extranjeros estamos hablando y cuál es el impacto real en la población global del país, no digamos ya en la economía, pues todos sabemos, y los gobernantes en primer lugar, que el mercado negro o los mercados paralelos no controlados se alimentan de mano de obra inmigrante. En Francia, por ejemplo, cuando uno examina las cifras lo primero que descubre es que la inmigración ha descendido en los últimos 10 años. Yo, por ejemplo, sin ir más lejos, soy naturalizada francesa. Se me puede considerar una emigrante? Las últimas cifras que tengo hablan de que en Europa hay 15 millones de emigrantes legales y 2,5 millones clandestinos.

P.-- Para algunos, las cifras son tan significativas como para haber lanzado el debate sobre si deben adoptarse medidas que garanticen la multiculturalidad o, por el contrario, que propicien la integración cultural. Qué piensa al respecto?
R.--
No soy una experta en el debate sobre multiculturalidad o integración cultural. A m me parece, de todas maneras, que debemos insistir en la preservación de los valores de la república. No creo que la libertad cultural llegue a la obligatoriedad del velo en lugares públicos, por mencionar el caso que se produjo en Francia. En el espacio privado, que hagan lo que quieran, las leyes de la república les protege. Ahora bien, en este tipo de debates hay siempre una carga de prejuicios muy pesada. Parece que nos vemos irremediablemente obligados a decir algo sobre los demás y emitir juicios al respecto, a pesar de que lo ignoramos casi todo sobre ellos.

P.-- Aunque, según usted, las cifras no son todavía importantes, la Unión Europea acta como si hubiera un problema real --o fatalmente lo habrá-- desde el momento en que crea desde estructuras de contención en las fronteras hasta políticas de integración para cada país.
R.--
Discúlpeme, pero la UE no ve más allá de sus narices. Los movimientos migratorios a gran escala no son normales. Si se producen es porque algo ocurre en el punto de origen. Y hacia allí es donde hay que dirigir la mirada y allí es donde hay que aplicar políticas preventivas. Sobre todo si resulta que ese allí son países con los que comerciamos, que se encuentran dentro de nuestra rea de influencia y con los que constituimos regiones geopolíticas naturales. La gente no se va de su casa, abandona a su familia y se arriesga a sumergirse en una sociedad hostil sólo por curiosidad. Las condiciones que le impelen a emigrar suelen ser extremas y a ellas debera prestársele toda la atención del mundo.

P.-- Cuáles seran esas medidas preventivas en los puntos de origen del flujo migratorio?
R.--
Lo realmente interesante es que no hace falta crear fórmulas nuevas. Sabemos que para detener la emigración el primer paso es negociar la deuda externa, transformarla en inversión y crear empleo local. Hay múltiples ejemplos del efecto fulminante que tiene el trabajar sobre la deuda externa con estos objetivos. Turquía ha creado en 10 años 10 millones nuevos de puestos de trabajo. Estamos hablando de 10 millones de individuos que no requieren buscar la satisfacción de sus necesidades básicas fuera de su propio país.

P.—Qué nos impide trabajar sobre la deuda externa de los pases en desarrollo desde esta perspectiva?
R.--
Nada y todo. Nada porque es algo que está ahí y que sólo requiere voluntad política. Todo, porque esa voluntad política simplemente no existe. Yo creo que ahora no haremos nada durante bastante tiempo. No está sucediendo nada que nos haga entrever que nos encontramos en el umbral de adoptar medidas efectivas para promover el desarrollo de los otros pases e impedir el desbarajuste que pueden suponer las migraciones masivas. Es que por no hacer, ni siquiera veo intentos medianamente serios para comprender a los otros, a quienes sufren el efecto de nuestras políticas económicas y comerciales. La UE ni intenta desempeñar el papel de ldes en una situación en la que se juega gran parte de su futuro. El máximo ejercicio de imaginación a que llega es a diseñar y a poner en práctica medidas punitivas. Esto se engloba, desde luego, en un marco más amplio: desde el final de la guerra fría, a los pases ricos cada vez les preocupa menos el Sur.

P.-- Por donde debería comenzar un programa mínimo de medidas que tuviera en mente la cuestión de las migraciones?.
R.--
Será necesario combinar las políticas domésticas y las dirigidas a orientar las actuaciones el exterior. En casa, lo primero es no perseguir a los emigrantes, sino a los empleadores de mano de obra ilegal que la sobre explotan con salarios y condiciones de vida míseros. En segundo lugar, en un ámbito más amplio, habrá que repensar la cooperación europea con los pases pobres y, en particular, con el Mediterráneo. Francia, Alemania e Italia son los pases que reciben el mayor flujo migratorio procedente de la cuenca sur del Mediterráneo. Tenemos que pensar en esos pases como socios. Esto implica cambiar los ejes de nuestra forma de enfocar los problemas.

P.-- Es sorprendente que este cambio del que usted habla no sea evidente, cuando la emigración en masa plantea, entre otras cosas, una conmoción medioambiental cuyas secuelas tocan de lleno a los pases industrializados.
R.--
Efectivamente, todo indica que la migración va aumentar considerablemente en los próximos años, sobre todo por parte de la población más activa de los países en desarrollo. Este desplazamiento humano ejerce un impacto en cadena sobre el medio ambiente. Primero se produce el éxodo del medio rural al urbano, es el preludio de la salida. En este proceso, la agricultura sufre una fuerte tensión claramente perceptible en el medio físico y humano. Se pierden hábitats, culturas, recursos naturales, grupos de población. Después viene la explosión urbana, el crecimiento descontrolado de las ciudades, donde las condiciones de vida se deterioran aún más. Es el último paso antes de hacer la maleta. Atrás queda un medio ambiente sometido a un grave castigo, cuyas secuelas humanas se desplazan entonces a otras partes del mundo. La propia migración, vista desde esta perspectiva, ya es un desastre medioambiental.

P.-- Cómo entiende usted, entonces, que las migraciones no ocupen un lugar primordial en la política medioambiental europea y sólo se preste atención a los factores internos?
R.--
Pues, simplemente, no lo entiendo. Me golpea la rigidez de los políticos y de sus propuestas políticas, tanto en la UE como en sus respectivos países. En muchos años no hemos visto nada nuevo, ni una sola idea inteligente orientada a afrontar un problema de semejante gravedad que, además, por no afrontarlo, cada vez es peor y sus secuelas son más graves. Es extraordinaria esta falta de imaginación. Si analizamos la Declaración de Barcelona, por ejemplo, vemos que es un texto vacuo, no hay allí ni un sola propuesta que pueda traducirse en medidas eficaces sobre el terreno, como, por ejemplo, desarrollar una política de restauración del medio ambiente de los pases en desarrollo que genere empleo, que piense en el ecosistema como una fuente de beneficios y no como una territorio susceptible de ser saqueado.

P.-- Cómo usara la deuda externa para un fin de este tipo?
R.--
La deuda externa empeora cada año. El capital financiero es remunerado frente al industrial, lo que ha convertido a la especulación en la mercancía favorita del mercado. O sea, que estamos en una círculo vicioso en el que es más importante la generación de deuda que la compra de productos manufacturados. He estado recogiendo datos en la Organización Mundial del Comercio (OMC) sobre el sur del Mediterráneo desde 1970. Dos tercios de sus importaciones vienen del Norte y crean 100.000 puestos de trabajo en Francia. En Italia el proceso es parecido. A m me parece que la tendencia es clara: deberíamos intercambiar productos, no dinero, no capital especulativo. Es decir, evitar que los pases pobres deban invertir en los servicios de la deuda y que dirijan estos esfuerzos hacia la producción. Con la política actual, los únicos que ganan son los bancos en detrimento de la creación de empleo y de la limpieza ecológica. Estamos en la era de la victoria del capital financiero. A él no le importa el reguero que deja en destrucción de empleo, de medio ambiente, de narcotráfico, de movimientos ingentes de población.

P.-- En nuestra región, dónde colocara las prioridades medioambientales para crear empleo?
R.--
Lo más urgente es limpiar el Mediterráneo. Si seguimos actuando como hasta ahora conseguiremos matarlo. Toda la industria descarga en este mar y existen límites a su capacidad de regeneración. Yo creo que ah existe un excelente mercado laboral que debiéramos aprovechar para crear una industria del medio ambiente que preserve, repare y limpie toda la cuenca. Una política de este tipo ya actuara como un efectivo dique de contención de la población, porque supondrá una reactivación económica local.

P.-- No cree usted que la cuestión de estimular el desarrollo de los otros no forma parte del debate público en Europa porque, entre otras cosas, supone, de una u otra manera, un cuestionamiento de nuestro estilo de vida?
R.--
A la gente no le gusta escuchar que su nivel de consumo crea una mayor presión demográfica y una destrucción ecológica en los otros pases, en particular en los menos desarrollados. Este es uno de los debates que no queremos abrir, que no queremos explorar. El costo de nuestro estilo de vida es muy elevado, pero los problemas no desaparecen o dejan de ocurrir simplemente porque no miremos hacia donde se expresan. Europa y los pases del sur deben emprender negociaciones con una agenda muy clara y explícita: transformar la deuda en inversión en medio ambiente, en puestos de trabajo, en reducir el tráfico de drogas e incrementar las relaciones comerciales. Debemos abrirnos para conocer la realidad de los pases del Sur, que hacen sacrificios enormes para reducir la mortalidad, aumentar la educación y mejorar sus condiciones de vida.

P.-- Usted no cree que hay una estrategia de los países ricos, y por consiguiente de Europa, de mantener el control de los mercados e incluso de la cohesión social de los pases pobres a través de la deuda?
R.--
S, pero no como parte de un plan estudiado y concertado. En realidad, el Norte no sabe lo que quiere porque lo que consigue con su política es más drogadicción, menos inversión social y menos puestos de trabajo en sus propios pases. Cuánto tiempo más se puede mantener esta situación? En vez de preguntarnos esto, creo que debiéramos indagar dónde están las soluciones y qué debiéramos hacer para ponerlas en párctica.

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